Una parte de los pacientes más graves de coronavirus puede llegar a desarrollar patologías cuyo alcance real aún se desconoce. El coronavirus ha provocado una pandemia cuyos efectos más graves se cuentan en el número de víctimas que suma cada día en todo el mundo. Otras muchas personas han conseguido superar la enfermedad, pero los daños generados en el organismo por la COVID-19 pueden provocar secuelas en un pequeño porcentaje de pacientes cuyo alcance está siendo analizado por los expertos.

Aquellos pacientes que han tenido una mayor afectación pulmonar, y han necesitado un tiempo de ventilación mecánica en UCI más prolongado, pueden desarrollar fibrosis pulmonar más como consecuencia de la ‘cicatrización’ que por efecto directo del virus. A mayor inflamación, mayor probabilidad de fibrosis. En cualquier caso, aún es temprano para sacar estas conclusiones y habrá que esperar seis meses o un año para ver cómo evolucionan los pulmones de estas personas.

Por otro lado, en cualquier proceso inflamatorio severo, aumenta el riesgo de producirse, por un lado, trombosis arteriales con resultado de infartos de miocardio, de otros órganos o ictus cerebrales y, por otro lado, trombosis venosas, sobre todo en extremidades (esto último agravado por el mayor grado de encamamiento y sedentarismo) que pueden dar lugar posteriormente a una embolia pulmonar.

Los pacientes críticos que requieren UCI por cualquier causa pero más los que sufren cuadros infecciosos graves y necesitan estancias prolongadas, presentan después un grado de astenia más o menos intenso que muchas veces puede persistir durante semanas o meses hasta su recuperación, que generalmente es completa.

El corazón también puede verse dañado como consecuencia de la COVID-19.  Junto al infarto, como consecuencia de la miopericarditis aguda, y al igual que ocurre con otras infecciones víricas, pudiera desarrollarse una miocardiopatía dilatada secundaria con insuficiencia cardíaca asociada.

En este repaso no hay que olvidarse de los efectos psicológicos en aquellos pacientes previamente sanos, activos y con muy pocos factores de riesgo que se ven de forma repentina ingresados en UCI, a veces durante muchos días. A este trauma se suma el miedo posterior a las secuelas que pudieran padecer.

El mensaje que debe calar en la sociedad es que los pacientes son, en su gran mayoría, completamente recuperables ya que tras la fase aguda desaparecen todos los efectos inflamatorios de la infección y, en consecuencia, los síntomas secundarios. No obstante, aunque hay personas que siguen padeciendo las complicaciones descritas (propias de cualquier paciente crítico), aún han de pasar meses para establecer con mayor rigor y seguridad los potenciales efectos colaterales a largo plazo que el virus SARS-CoV-2 pudiera dejar.

 

Dr. Iban Cachorro

Especialista en Medicina Interna clínica IMQ Zorrotzaurre