En respuesta a la demanda urgente de una vacuna, desde el inicio de la pandemia se están llevando a cabo ensayos clínicos con diferentes tipos. En cierto modo es necesario que existan varias líneas de investigación para poder dar con el tipo de vacuna que brinde una inmunidad duradera y evite la transmisibilidad comunitaria. Actualmente se están investigando más de 20, pero destacamos las de Pfizer/BioNtech, Moderna y Oxford/AstraZeneca, como las más avanzadas. Existen también otras vacunas producidas en China y Rusia que se encuentran en fase III de ensayos clínicos, lo que corresponde a la última fase antes de la comercialización.

Convencionalmente, deben pasar varias fases preclínicas y clínicas que suele requerir entre 15-20 años de investigación antes de ser comercializadas. Debido a la excepcionalidad actual, muchas fases del proceso del desarrollo ocurren en paralelo, es decir, no se espera a confirmar el resultado satisfactorio de una fase para continuar con la siguiente. Pese al desarrollo acelerado de estos ensayos las vacunas se ajustan a las rigurosas normas de seguridad, efectividad y calidad de fabricación de la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos) y EMA (Agencia Europea de Medicamentos), necesarias para otorgar la autorización para uso de emergencia (EUA).

Aun así, el desarrollo de diferentes vacunas continuará durante los próximos meses y años, donde se estudiarán diversas estrategias de vacunación y conoceremos con mayor precisión datos sobre la dosificación, inmunogenicidad, inmunidad postinfección, transmisibilidad, etc. Probablemente no será hasta entonces que la inmunización masiva global se convierta en una realidad.

Tecnología de ARN mensajero

Las vacunas de Pfizer/BioNTech y Moderna utilizan la tecnología de ARN mensajero. Son un nuevo tipo de vacunas, por las cuales se inyectan moléculas de ARNm que inducen a nuestras células a producir una proteína o antígeno específico llamado proteína S (Spike). Esta proteína es la que utiliza el coronavirus para unirse a la superficie de nuestras células de la mucosa respiratoria. Una vez que nuestras células hayan producido esa proteína (que en sí misma es inofensiva) será detectada por el sistema inmunológico que responderá produciendo anticuerpos y se activarán los linfocitos T. Esto evitará infecciones posteriores.

Desde hace mucho tiempo, los científicos han estado estudiando y trabajando en las vacunas de ARNm. El interés en estas vacunas aumentó porque se pueden desarrollar en un laboratorio, con materiales que están disponibles fácilmente. Esto significa que el procedimiento se puede estandarizar y ampliar para que el desarrollo de la vacuna sea más veloz que los métodos tradicionales de producción de vacunas.

Con base en la evidencia de los ensayos clínicos realizados, estas vacunas han demostrado tener una efectividad cercana al 95% en la prevención de casos del COVID-19 confirmados en laboratorio en personas que recibieron dos dosis y que no registraban evidencia de infecciones previas.

Vacuna de ASTRAZENECA/ Oxford

Por otro lado, la última vacuna en ser comercializada ha sido la de ASTRAZENECA/ Oxford. Esta vacuna no utiliza la tecnología de las anteriores, sino que, se compone de otro virus (Adenovirus) que ha sido modificado y que contiene el gen responsable de la formación de la proteína de la S del SARS-CoV-2. Una vez administrada, la vacuna libera el gen S dentro de las células del cuerpo y a su vez éstas utilizarán el gen S para producir la proteína S. Esta proteína será detectada por el sistema inmunológico que responderá produciendo anticuerpos y se activarán los linfocitos T. Esto evitará infecciones posteriores. El adenovirus de la vacuna no puede reproducirse ni producir enfermedad.

Tras la evidencia científica reportada por los ensayos clínicos en los que han participado hasta 24.000 personas, el Comité de Medicamentos de Uso Humano (CHMP) de la EMA, ha concluido que dispone de datos suficientemente sólidos sobre la calidad, seguridad y eficacia de la vacuna para recomendar su comercialización.

Dado que es posible que el suministro de vacunas sea inicialmente limitado es importante entender que hay cierta parte de población donde la vacunación es prioritaria como son los trabajadores sanitarios, personas de edad avanzada y personas con comorbilidades. Las personas mayores en concreto, son más propensas a desarrollar una infección grave debido a la inmunosenescencia y su propensión a generar respuestas inflamatorias exageradas.

Para concluir es importante recordar que la vacunación ha sido una de las medidas de mayor impacto en salud pública, ya que con su administración se ha conseguido disminuir y evitar una gran cantidad de muertes por diferentes enfermedades infecciosas. Con lo cual es muy importante tener en mente los beneficios que puede producir la vacunación global en esta pandemia, una pandemia que ha paralizado el mundo y se ha llevado por delante a más de 1.000.000 de personas.

Dra. Ioana Romero. Oftalmóloga de IMQ en el Centro Oftalmológico Integral (COI)

Maialen Larrea 

Responsable del Área molecular de IMQ Análisis Clínicos